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La muerte de Antonia Adroher es una caída de telón sobre un escenario que ha visto lo mejor y lo peor del siglo pasado. Sus 94 años han sido un caso excepcional de longevidad de la generación que vivió la guerra civil con plena conciencia de lo que sucedía y que, por tanto, podía prestar un testimonio válido a los practicantes de la historia oral. Estaba a punto de cumplir los 23 cuando un sector del Ejército se sublevó contra el gobierno salido de las urnas, y con 25 tuvo que marchar hacia el exilio. Fue una de las fundadoras del POUM y vivió la guerra en Girona, como concejal de Cultura y Propaganda. Era la primera mujer de la ciudad que ostentaba un cargo municipal.
Vivió además la guerra con una herida íntima. El hombre al que amaba murió en los primeros días. A quien le escuchaba por primera vez, le producía una cierta sorpresa oír como, al expresar el terrible dolor de aquellos días, lo hacía sin ningún reparo delante del que fue su compañero de exilio, Carmel Rosa, otro luchador infatigable. Él ponía cara de circunstancias, pero aceptaba lo que ni él ni nadie podían borrar: el recuerdo de un amor casi adolescente. Sin querer negar el pasado, sin querer borrar nada de lo que había ocurrido, Antonia Adroher y Carmel Rosa fueron compañeros inseparables, tanto, que cuando él murió, también a los 94 años, ella le ha seguido a los pocos meses. La última aparición pública que pudieron hacer juntos fue para recoger la Creu de Sant Jordi.
Integrados en el PSC cuando llegó la democracia, alternaban su vida entre el Banyuls del exilio y la Girona de sus orígenes. Mantuvieron el temple combativo hasta el final, sin concesiones ni olvido. Recuerdo que una vez paseábamos por Banyuls con un joven bastante inconsciente que pretendía predicarles combate antifranquista. Hasta que ambos, un poco hartos, le pidieron que les explicara exactamente que era lo que él había podido hacer contra aquel régimen represor. Lo hicieron de una forma que no dejaba respuesta posible, porque era tanto lo que ellos habían perdido por mantenerse íntegros, que no había manera de tratar de poner el mismo peso en el otro plato de la balanza.
Diversos grupos cívicos de Girona han formulado una petición al Ayuntamiento para que ponga a una nueva escuela el nombre de Antonia Adroher, maestra de formación. Aunque últimamente se prodigan más los barracones que las nuevas escuelas, quizá algún día puede encontrarse la manera de satisfacer un requerimiento ciudadano tan justo. [La Vanguardia]
Jaume Fabre és autor, entre altres llibres, de «Girona entre 4 rius» i de la «Guia d’escultures al carrer (Itineraris a peu i amb cotxe)», editats per l’Ajuntament de Girona