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La ciudad de Girona también tiene su Montjuïc, como Barcelona. Un monte que le protege de la tramontana y donde, como en la Ciudad Condal, hubo hace siglos un cementerio judío. También se construyó un castillo en la cima y, cuando en las posguerra empezaron las emigraciones masivas de andaluces hacia Catalunya, fue el solar de un importante barrio de barracas, igual que el Montjuïc de Barcelona.
El de Girona llegó a albergar dos mil personas. Creado en 1942, duró treinta años y su final estuvo ligado a la más gigantesca operación especulativa que ha contemplado la ciudad. Ahora se alza allí uno de los barrios residenciales de más postín.
Nadie había escrito la historia completa de sus tres décadas de existencia. Lo ha hecho Ramón Llorente, que pasó allí su infancia. Llorente es abogado laboralista desde hace cuarenta años y una de las figuras más conocidas de la ciudad. Por su despacho han pasado toda clase de historias, especialmente las de los más pobres entre los pobres. Ha sido siempre fiel a sus orígenes. Es un caso excepcional. Nació en un pueblo de las Alpujarras, emigró con sus padres a Girona cuando tenía seis años, y vivió con ellos en una barraca de Montjuïc hasta que entró en el Seminario y pudo convertirse luego en el único muchacho del barrio que llegó a la Universidad. Estudió Derecho con beca, y luego ha dedicado su vida a ayudar a los oprimidos.
El libro que ha escrito Ramon Llorente se titula Montjuïc, la historia de un pueblo, y lo edita el Ayuntamiento en catalán y castellano, con muchas fotos. Descubrirá a mucha gente de Girona un mundo que ignoraron, porque siempre lo mantuvieron en la trastienda. Un mundo habitado por trabajadores que no encontraban vivienda asequible y que cada día debían andar quilómetros para llegar al trabajo. Un mundo que estuvo veinte años sin agua potable, sin luz, sin calles urbanizadas, sin transportes, sin ningún tipo de servicios. El único camino de acceso tuvieron que construírselo ellos mismos. La escuela situada en la falda de la montaña, en un edificio que había construido la República, era el único punto de contacto de los niños de las barracas con los habitantes de la Girona antigua.
Pocos barrios de barracas han tenido, como éste, la suerte que uno de sus habitantes pudiera tener los estudios suficientes para escribir su historia. Si Llorente no lo hubiera hecho, de aquí a unos años se habría perdido la memoria de unos tiempos terribles. [La Vanguardia]
Jaume Fabre és autor, entre altres llibres, de «Girona entre 4 rius» i de la «Guia d’escultures al carrer (Itineraris a peu i amb cotxe)», editats per l’Ajuntament de Girona