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Pau Milà i Fontanals, hermano de Manuel, el escritor, fue un importante historiador y teórico del arte de mediados del siglo XIX. Luchó con entusiasmo en defensa de edificios amenazados, en una época en que los afanes de reformas urbanísticas saltaban por encima del valor del patrimonio arquitectónico. En 1883, enfermo de muerte, llamó junto a su lecho a un notario para dictarle una lista de un centenar de edificios de interés artístico que había visto destruir a lo largo de su vida.
Su lista se refería fundamentalmente a la ciudad de Barcelona. Pero si alguien intentara hacer ahora lo mismo en Girona, no se quedaría más corto. Desde los edificios religiosos desamortizados del siglo XIX hasta el mosaico de Paco Torres Monsó junto a la plaza de los Països Catalans, destruido este mismo mes, la lista es larga.
Pero no todo han de ser desgracias. Dentro de una tónica general de indiferencia oficial por la despersonalización urbana fuera del casco antiguo, tres buenas noticias recientes dejan un cierto margen a la esperanza. La primera, que la remodelación del antiguo hospital de Santa Caterina y la vecina plaza Pompeu Fabra permitirán quizá recolocar el monumento a la Constitución progresista de 1869 de una forma más digna a la de los últimos tiempos. La segunda, que se proyecta un monumento al que fue presidente de la Generalitat, Josep Irla, en la plaza del mismo nombre, situada al pie de la conservada chimenea de Els Químics. No es una maravilla artística, pero menos da una piedra.
La tercera buena noticia hace referencia al trabajo que desde hace cinco cursos lleva a cabo el Club d’Amics de la Unesco en los centros escolares. Ello ha permitido inventariar el arte público de los municipios vecinos de Salt y Sarrià, consultable en páginas de internet, y también de la ciudad de Girona, aunque en este último caso la información disponible no puede encontrarse todavía en la red.
El proyecto Apadrinem escultures, que puso en marcha la entidad en el 2001 está consiguiendo acercar a los más jóvenes el parque escultórico de la ciudad para que lo conozcan y lo respeten. Se organizan visitas a obras y autores, y se implica a los estudiantes en la recogida de información y en reivindicar la restauración y conservación de las piezas más deterioradas. Un ejemplo que seguir para que el civismo no tenga que estar regulado por ordenanzas, sino por la educación.
Text facilitat per l’autor i publicat originalment en [Des del Nord · La Vanguardia]
Jaume Fabre és autor, entre altres llibres, de «Girona entre 4 rius» i de la «Guia d’escultures al carrer (Itineraris a peu i amb cotxe)», editats per l’Ajuntament de Girona